El Tesoro Escondido y La Perla de Gran Precio - Mateo 13:44-46

Introducción:

      A. Dos pensamientos. Hay dos pensamientos principales en estas dos par bolas: el gozo, y el valor. La par bola de cosas perdidas (la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido) dan énfa­sis al valor de los perdidos y el gozo de hallarlos. Estas dos par bolas hablan del valor del reino y el gozo de hallarlo.

      B. El reino y el individuo. En estas dos parábolas se ve cómo el reino afecta al individuo. El hallar este tesoro es asunto in­dividual. La relación con Dios es asunto individual.

I. El Tesoro Perdido y Hallado.

      A. Tesoro escondido. Muchos atesoraban bajo tierra (Mateo 25:25) sus posesiones valiosas por temor de ladrones, invasiones, revoluciones, etc. No había bancos.

      B. Consistía de oro, plata, varias clases de monedas, joyas, y muchas otras cosas valiosas.

      C. Muchos tesoros perdidos. Ocurrió esto debido a las guerras, cambio de gobierno, la muerte del dueño (por ejemplo, en batalla) y nadie sabía de ellos. ¡Cuántas viudas sufrían en miseria sin recursos por no saber que en su propiedad había tesoros escondi­dos!

      D. Fue hallado por los que buscaban tales tesoros (Job 3:21; Prov. 2:4), o tal vez más comúnmente fue hallado por los que trabaja­ban la tierra. La ley judaica (tradicional) era de que tales ha­llazgos pertenecían a quien los descubriera.

II.  El Evangelio es un Verdadero Tesoro.

      A. "Las riquezas". En una sola carta (Efesios) hallamos la palabra "riquezas" cuatro veces. Dice Efesios 3:5 que "en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de hombres". Así es que la idea de tesoro "escondido" es apropiado. Pablo emplea la palabra "riquezas" en varias de sus cartas. Dice en 2 Corintios 4:7, "tenemos este tesoro en vasos de barro".

      B. "Las inescrutables riquezas". En Efesios 3:8 habla de "las inescrutables riquezas de Cristo" porque el evangelio revela a Cristo (su vida, crucifixión, resurrección y ascensión) y la sal­vación que recibimos a través de El. El evangelio nos salva de la culpa del pecado, nos limpia de la contaminación del pecado,  y nos entrega de las consecuencias del pecado. La obediencia al evangelio nos pone en Cristo y recibimos todas las bendiciones es­pirituales (Efesios 1:3).

III. La Parábola Bien Ilustra el Gozo de Hallar el Reino.

      A. "Hemos hallado al Mesías" (Juan 1:40-46). Este texto in­teresante habla de dos hermanos que "hallaron" al Mesías y luego "hallaron" a sus hermanos (en la carne) para compartir con ellos las buenas noticias.

      B. La mujer samaritana, cuando "halló" al Mesías, "dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?" (Juan 4:28,29).

      C. El eunuco etíope leía Isaías 53 sin entendimiento, pero "halló" al Mesías cuando Felipe, comenzando en esa misma Es­critura, le predicó el evangelio. En ese mismo día el eunuco fue bau­tizado. Cuando subió del agua "siguió su camino gozoso" (Hechos 8:35-39).

      D. Saulo, Cornelio, Lidia, el carcelero. Estos "hallaron" este mismo tesoro. El libro de Hechos nos habla de estos y otros casos y cada uno indica un gran interés en hallar este tesoro. Hechos 16:33,34 dice que el carcelero y su casa fueron bautizados en aquella misma hora de la noche (a medianoche), "Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios".

      E.  ¿Funeral o bodas? Los conversos mencionados en Hechos aceptaron el evangelio como buenas nuevas. Se compara no con un funeral sino con una celebración de bodas. No somos invitados a una vida triste, sino a una vida bendecida y feliz.

      F. "Vende todo lo que tiene". Dice Cristo que cuando el hombre halló el tesoro, "gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo". En los ejemplos de conversión en Hechos es lo que hicieron. Dice Jesús, "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame" (Mateo 16:24). Para ser cristiano es necesario que cada persona venda "lo que tiene"; es decir, hacer todo lo necesario, cueste lo que cueste, para ser obediente y cumplido en el servicio de Cristo.

IV. La Perla de Gran Precio.

      A. El valor del reino. Esta parábola enseña el gran valor del reino.

      B. Busca. Jesús habla del "mercader que busca buenas perlas".  El las busca. Jesús había dicho, "buscad y hallaréis ... el que busca halla" (Mateo 7:7,8). ¿Por qué halló este hombre la perla de gran precio? Porque la buscó. Fueron recompensados sus esfuer­zos. Dice Hechos 17:11, "Y éstos eran más nobles que los que es­taban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solici­tud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así".

      C. Una sola perla de gran precio. Este hombre que ya tenía perlas buscó y halló otra perla, una perla muy especial, una de gran precio, una que valía más que todas las demás. Era perla única. También nosotros debemos buscar la perla única. Hay solamente una perla "de gran precio". Hay un solo Salvador. Hay un solo evangelio. Hay una sola iglesia. Hay una sola esperanza. Dice Efesios 4:4-6, "un cuerpo, y un Espíritu ... una misma esperanza ... un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre". Hoy en día hay muchos evangelios, muchas iglesias, muchas esperanzas, etc. Dicen al­gunos maestros religiosos que hay muchos caminos al cielo, y que cada persona puede escoger el camino que le convenga. Pero como vemos en esta parábola que había una sola perla de gran precio, así también la Biblia enseña que hay un solo camino al cielo (Juan 14:6; Hechos 24:14).

      D. Reconocieron el valor del tesoro y de la perla. Lo re­conocieron y lo apreciaban. Lo estimaban. Los que rechazan el evangelio no reconocen su valor. Para ellos no tiene valor. Otras muchas cosas sí tienen valor, pero el evangelio no. Todo el mundo busca lo que considera de valor, lo que vale la pena. El evange­lio trae salvación del alma, reconciliación con Dios, el gozo verdadero, paz y contentamiento en cualquier circunstancia de la vida, y la esperanza de vida eterna, pero estas cosas no tienen valor para la mayoría de la gente. Para ellos solamente las cosas de esta vida (cosas materiales, placeres, honores hu­manos, etc.) tienen valor.

      E. "vendió todo". En las dos parábolas dice Cristo que vendieron todo. El que halló el tesoro vendió todo con gozo. Nadie le obligó a vender todo. Lo hizo voluntariamente. También el que compró la perla de gran precio estaba dispuesto a vender todo.

      1. ¿Qué se vende? ¿Qué significa esto para nosotros? ¿En qué sentido debemos "vender todo"? En el sentido de Mateo 10:37,38; 16:24; Lucas 14:33; 1 Corintios 9:27. Es lo que el joven rico no quería hacer (Mateo 19:21,22).

      2. Hay que vender placeres, honores (Filipenses 3:3-8), pose­siones, costumbres, hábitos, lazos familiares, en fin, todo aque­llo que se pudiera apreciar más que Cristo, cualquier cosa que pudiera estar en conflicto con nuestra lealtad a El.

      F. "y la compró". Debemos aprovecharnos de la salvación que Dios nos ofrece. Cada quien debe apropiarse de ella. Debe adueñarse de ella. De otro modo esta gran bendición no es bendi­ción para nosotros. El evangelio no fue revelado para ser simple­mente admirada por la gente. Dice Proverbios 23:23, "Compra la verdad, y no la vendas". En cuanto a la salud de la  familia mu­chos hombres buscan atención médica "cueste lo que cueste". En cuanto a la edu­cación, muchos pagarán casi cualquier precio para obtenerla. Así son muchos con respecto a sus propósitos serios. Se cree que cualquier precio, por exagerado que sea, es justo y razonable y no demasiado caro.

Conclusión:

      A. ¿Qué buscamos? Muchos buscan el "tesoro" y "la perla" de ganancias materiales, o de placeres, o de influencia mundana, o de educación, etc. Se engañan a sí mismos creyendo que estas cosas son las más importantes.

      B. El verdadero tesoro, la perla más valiosa, es el evangelio del reino. Debemos obtener esta riqueza "cueste lo que cueste".

      C. Con gozo. Si sabemos apreciar "las inescrutables riquezas de Cristo", haremos cualquier sacrificio con gozo para obtener­las.

      D. "Es lo que yo buscaba". Muchas personas, al oír el evange­lio puro, han dicho, "Es lo que yo buscaba". Esto ocurre conti­nuamente cuando los cristianos enseñan el evangelio a otros. En­tonces hay mucho gozo no solamente en el corazón de la persona que halle el tesoro, sino también en el corazón de la persona que le enseñe.

      E. Todos pueden hallarlo. "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado" (Isaías 55:6). Ahora mismo El puede ser hallado por los que le buscan. Romanos 10:20 dice, "Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí". Esto se refiere a los gentiles quienes por tantos siglos se habían hun­dido en idolatría e ignorancia. Cuando se les predicó el evange­lio, muchos de ellos quebraron sus ídolos, quemaron sus libros de artes mágicas, confesaron a Cristo y comenzaron a andar en vida nueva. Ahora todos pueden hallar a Dios a través de Cristo.

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