Los Demonios

I. Conceptos Errados.

A.     "Son los espíritus de hombres malos". Pero (1) el espíritu vuelve a Dios cuando el hombre muere, Ecl. 12:7; (2) cuando murió el hombre rico de Luc. 16:19-31 (a) quiso salir pero no podía; (b) Satanás no tiene el poder de "soltarlos" del lugar de tormento; (c) el espíritu del rico no quiso atormentar a nadie, sino quería que sus hermanos se arrepintieran para no venir a ese lugar; (d) quiso ayudar en lugar de molestar; (e) no tuvo poder, sino pidió ayuda.

B.     "Los demonios son muy activos ahora, obrando por ejemplo en Adolfo Hitler, en Charles Manson, en algunos oficiales de los gobiernos, en los crimi­nales; hay tanto vicio, tanta indiferencia, tanto sufrimiento, tanta adicción y perver­sión; es obvio que hay alguna compulsión, que muchos están endemoniados". Pero todo esto es solamente habladuría, una mentira que pasa de boca a boca por causa de la ignorancia que hay en la gente. Por no saber lo que la Biblia dice acerca de los demonios, los espíritus inmundos y endemoniados, la gente expresa toda clase de opinión que salga de su imaginación.

II. Satanás Sí Vive Y Obra, Pero Esto Es Muy Distinto Al Estar Endemoniado.

A.       Satanás seduce y atrae a través de los deseos malos de nosotros, Sant. 1:14.

B.        Engaña y destruye a través de las doctrinas falsas de las iglesias humanas, y a través de toda clase de filosofía hueca de los hombres, Col. 2:8. El tiene muchos ministros, 2 Cor. 11:13-15; 1 Tim. 4:1-5.

C.       Tiene sus "principados ... potestades ... huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efes. 6:12), pero esto no quiere decir que estas potestades "toman posesión" de la persona (o la mente) en semejanza de los endemonia-dos o espíritus inmundos del primer siglo.

D.       El tiene sus ángeles, Mat. 25:41; y muchos hombres y muchas mujeres son sus siervos voluntarios, sirven de agentes de Satanás y causan mucha miseria.

1.      1 Tim. 4:1, "doctrinas de demo­nios" enseñadas por los hombres, agentes de Satanás, para inducir a la idolatría.

2.      Estos enseñan que algunos no deben casarse; prohíben algunas comidas.

III. La Naturaleza De Los Endemoniados, Los Que Tenían Espíritus Inmundos.

A.     Se llaman espíritus malos, Luc. 7:21.

B.     Algunos peores que otros, Mat. 12:45.

C.     Algunos más fuertes que otros, Mar. 9:29.

D.     Entraron, salieron, Luc. 11:24-26.

E.      Tomaron posesión de animales, Mar. 5:13.

F.      Hablaron por la boca del endemo­niado, Mar. 1:24.

G.     Reconocieron a Jesús, Mar. 5:7.

H.     Moraron en lugares asolados, en montañas, entre sepulcros, en lugares secos, Mar. 5:2-5; Luc. 11:24.

     I. No querían ir al abismo, Luc. 8:31.

J. Sabían que tenían poco tiempo, Mat. 8:29; Mar. 5:7; Luc. 8:28.

IV. La Actividad Dañina De Los Demo­nios.

A.       Tomaron posesión de varias per­sonas para oprimir, afligir física y mental-mente: a un hombre, Mar. 1:23; a una mujer, Luc. 8:2; al hijo de un hombre, Luc. 9:38; a la hija de la mujer siro fenicia, Mar. 7:25.

B.        Resultados tristes: mudo, Mat. 9:33; ciego, Mat. 12:22; sordo, Mar. 9:25; sal­vaje, Mat. 8:28; como epiléptico, Mat. 17:15; como convulsión, Mar. 1:26; crujir dientes, Mar. 9:18; espuma, Luc. 9:39, 42; caerse, Mat. 17:15 (pero obsérvese que hay una distinción entre los endemoniados y los enfermos, Mat. 4:24; 8:16; 10:1; Mar. 1:32-34). Otro fenómeno: fuerza sobrena­tural, Mar. 5:4.

C.     Los demonios que tomaron posesión de algunas personas no les hicieron pecar. Esta observación es importantísima, y refuta las ideas populares. En primer lu­gar el fenómeno de los endemoniados descrito en el Nuevo Testamento no existe ahora. Pero aun en aquel tiempo los es­píritus inmundos no hicieron pecar a la gente.

D.     Como el Espíritu Santo no hizo obe­decer a nadie, tampoco hizo pecar el es­píritu inmundo a la gente bajo su poder.

Conclusión:

A.  Zac. 13:2, "haré cortar de la tierra a los profetas y al espíritu de inmundicia". 1 Cor. 13:8-10 explica la cesación de pro­fecías, y al terminar las profecías también terminaron los espíritus inmundos.

B.   El fenómeno existió en el primer siglo para demostrar la superioridad de Cristo y los apóstoles sobre Satanás (Luc. 10:17, 18; 11:20-21).

 

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